Bruselas no solo no se cree que España cumpla el déficit este año, sino que es el organismo más pesimista

HÉCTOR M. GARRIDO

Pierre Moscovici

Después de dos años cumpliendo el objetivo de déficit pactado con Bruselas —aunque en 2016 se lograse gracias a que los jerarcas comunitarios aflojaron el nudo— los nubarrones vuelven a cubrir las cuentas públicas españolas. La Comisión Europea no cree que España vaya a alcanzar su meta de desajuste presupuestario del 2,2% del PIB. Seguirá bajando, pero a un ritmo inferior. Y el motivo, dice, son las medidas incluídas por el Gobierno en la ley de Presupuestos.

El informe de perspectivas económicas de primavera presentado este jueves por el brazo ejecutivo de la UE se puede tomar de dos formas. Se puede ser positivo y valorar que Bruselas augura un crecimiento del 2,9% para este año, tres décimas más que en su última previsión de invierno y el más pronunciado de las grandes economías de la UE. También mejora tres décimas su cálculo para 2019, hasta el 2,4%, en línea con lo esperado por el Ejecutivo de Rajoy.

Fuente: Elaboración propia

El de este año, además, es el crecimiento esperado más apuntado de entre todos los organismos internacionales —la OCDE espera un 2,3%, el Banco de España un 2,7% y el FMI un 2,8%— y es incluso más optimista que la cifra enviada por el Gobierno (2,7%) en su Plan de Estabilidad. “Las consecuencias de los eventos en Cataluña permanecen contenidas de momento”, señala la Comisión.

Pero también se puede mirar la parte negativa. Y el borrón es gordo. Ni siquiera tal crecimiento —superior al del resto de países comunitarios y que acaricia tasas del 3% por cuarto año consecutivo— hará que España cumpla sus deberes presupuestarios. El Gobierno se comprometió a que ese agujero fiscal fuese del 2,2%, pero Bruselas le ha respondido que no, que con las cuentas que le ha enviado, como mucho, cerrará el año con un desfase del 2,6%.

El desvío no solo es cuatro décimas mayor que el objetivo. También es el más grande previsto por cualquier otro organismo. Ni el FMI, ni la OCDE, ni el Banco de España, ni los servicios de estudios de Funcas o del BBVA esperan que el gasto público español supere los ingresos en un porcentaje tan amplio como auguran en Bruselas, que observan además con preocupación la deriva expansiva que el Gobierno ha dotado a los Presupuestos de este año.

Fuente: Elaboración propia

La Comisión lleva tiempo animando a España a que fulmine su déficit estructural en esta época de bonanza y vientos aún favorables, en la que crece como nadie y los tipos de interés siguen bajos. Pero el país aprueba raspado cada examen presupuestario. Si la meta de 2016 era del 4,6%, dejó el agujero en el 4,54%. La de 2017 era del 3,1% y el déficit cerró en el 3,07%.

Un leve empuje de 700 millones el año pasado habría sacado a España del programa de Déficit Excesivo, una vigilancia que Bruselas ejerce sobre los países que superan el 3%. Pero no lo hizo. Y se queda solo bajo la lupa de Bruselas porque el resto de países de la UE presentan ya un déficit inferior a ese límite. De hecho, Portugal, que cerró el año pasado con un 3%… reducirá este año su desajuste el 0,9%, según Bruselas. Más de dos puntos. España solo lo reduciría cinco décimas.

El Gobierno ha vuelto a hacer de estudiante remolón para este año. En el reciente plan de estabilidad enviado a Bruselas se impone como objetivo para 2018 el 2,2% al que se había comprometido ya hace dos años, pese a que el augurio de mayor crecimiento económico ayudaría a rebajarlo por debajo de esa cifra debido a la mayor recaudación impositiva que deja una mayor actividad económica.

Sobre la tasa digital: “No creo que debamos hacer enfoques nacionales”

“El déficit bajará porque España crecerá sustancialmente, pero debe realizar más esfuerzos”, afirmó hoy en la presentación del informe el comisario de Asuntos Económicos Pierre Moscovici. Y es que el Gobierno ha anunciado un presupuesto que, de aprobarse, supondría un desembolso añadido de 1.500 millones en pensiones, una rebaja en el IRPF, una subida de sueldos públicos del 1,75% como mínimo y una expansión del gasto de infraestructuras en año pre-electoral.

“Todo esto empañará el ritmo de reducción del déficit”, lamenta la Comisión, que señalan otros tres riesgos adicionales. Uno, la “incertidumbre sobre la fortaleza de los ingresos impositivos” que dibujó el ministro Montoro para este año. El segundo, que los costes del rescate de las autopistas sean “mayores” de lo previsto. Y finalmente, las “compensaciones” que se paguen por anular el Supremo la concesión de aguas en Cataluña

A la UE, además, solo le ha dado tiempo en su informe a valorar el alza de pensiones bajas que anunció inicialmente el Gobierno, pero no la generalizada del 1,6%. Una medida que dañará más el déficit. Moscovici no ha querido expresar públicamente si esta última subida le genera inquietud. “Cuando un país se va a situar debajo del 3% y entra en la rama preventiva del pacto, tiene que respetar las reglas en materia de deficit estructural”, ha zanjado.

Montoro espera atenuar este gasto extra con un impuesto a las tecnológicas que aportaría 600 millones este año. Pero la Comisión no lo ve claro. “No creo que debamos hacer múltiples enfoques nacionales”, ha lamentado un Moscovici que se muestra ambivalente sobre la medida: por un lado, “prefiere” la vía comunitaria presentada en marzo pero, por otro, valora la “determinación de España para liderar el camino y dar ejemplo”.

Y la deuda sigue disparada

Bruselas no solo teme que España incumpla su objetivo. Al fin y al cabo son unas décimas que, eso sí, suponen un desvío nada despreciable de 4.400 millones de euros. Lo que preocupa es que el déficit de un país se financia pidiendo dinero prestado. Es decir, endeudándose. Y la deuda pública de España ya está disparada. Este año cerrará en el 97,6% del PIB, según los cálculos de Bruselas.

El propio Ejecutivo español no espera que la deuda baje del 90% hasta 2021 y esto, piensan en la Comisión, es un peligro en el caso de que sobrevenga una nueva recesión económica y el país carezca del colchón que disponían en 2008, cuando el endeudamiento no superaba el 40% del PIB y el país pudo acudir a los mercados en busca de un dinero que no le proporcionaban los ingresos impositivos.

“Deberíamos usar los buenas tiempos actuales para hacer nuestras economías más resilientes”, critica Valdis Dombrovskis, vicepresidente de la Comisión. “Y para ser más resilientes, tenemos que seguir reduciendo la deuda… y esto es un mensaje para las políticas públicas”, añade Pierre Moscovici.

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