Las minorías étnicas presentan mayores niveles de estrés y menos esperanza de vida

EUROPA PRESS

  • Un informe de la Asociación Americana de Psicología revela que la buena salud “no está distribuida equitativamente”.
  • Explica que las personas con ingresos más bajos informan de estrés más severo y han tenido más eventos traumáticos en su infancia.
  • Los afroamericanos y los hispanos son más propensos por estar más expuestos a la discriminación y a la exclusión social.

Disturbios en Ferguson

Las personas con bajos ingresos y las poblaciones minoritarias raciales o étnicas experimentan mayores niveles de estrés que las personas blancas más adineradas, lo que puede generar importantes disparidades en la salud mental y física que finalmente afectan a la esperanza de vida, según un informe del Asociación Americana de Psicología (APA).

“La buena salud no está distribuida equitativamente. El estatus socioeconómico, la raza y la etnia afectan al estado de salud y se asocian con disparidades sustanciales en los resultados de salud a lo largo de la vida”, afirma Elizabeth Brondolo, presidenta de un grupo de trabajo de APA que escribió el informe. “Y el estrés es uno de los diez principales determinantes sociales de las inequidades en salud”, añade.

Se estima que las enfermedades y lesiones relacionadas con el estrés cuestan a Estados Unidos más de 300.000 millones anuales por accidentes, absentismo, rotación de empleados, productividad baja y costos médicos, legales y de seguro directos, según el documento.

Las personas con ingresos más bajos informan de estrés más severo (pero no más frecuente) y han tenido más eventos traumáticos en su infancia, según el informe.

Los afroamericanos y los hispanos nacidos en Estados Unidos también reportan más estrés que sus homólogos blancos no hispanos, debido en parte a la exposición a la discriminación y la tendencia a experimentar eventos traumáticos más violentos.

Y todo ese estrés puede conducir a problemas de salud mental y física. “El estrés afecta cómo percibimos y reaccionamos ante el mundo exterior -señala Brondolo-. El bajo nivel socioeconómico se ha asociado con el pensamiento negativo sobre uno mismo y el mundo exterior, incluida la baja autoestima, la desconfianza en las intenciones de los demás y la percepción de que el mundo es un lugar amenazante y la vida tiene poco significado”.

Afecta al comportamiento

El estrés también puede jugar un papel en las disparidades de salud física al afectar el comportamiento. Los altos niveles de estrés se han vinculado consistentemente con una amplia variedad de conductas de salud negativas, como fumar, beber, consumir drogas y la inactividad física.

Estos comportamientos y sus resultados (por ejemplo, la obesidad) están estrechamente relacionados con el inicio y el curso de muchas patologías, como la diabetes, el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y el deterioro cognitivo más adelante en la vida, según el informe.

Un análisis de 2016 indicó que los hombres cuyos ingresos están en el 1% superior viven casi 15 años más que aquellos en el 1% más bajo, según el informe. Para las mujeres, esa diferencia es de casi diez años.

Los autores identifican varias intervenciones a nivel individual, familiar, del proveedor de servicios de salud y de la comunidad que podrían ser útiles para ayudar a mejorar los efectos negativos del estrés en las poblaciones minoritarias y de bajos ingresos y potencialmente abordar algunas de las disparidades de salud.

Por ejemplo, a nivel individual, las intervenciones mente-cuerpo, como el yoga o la meditación, fueron aceptadas por los grupos desfavorecidos y mostraron cierta efectividad para mejorar los resultados de salud mental y física.

Otras intervenciones citadas son la mejora de la calidad de la comunicación entre los pacientes y sus proveedores de atención médica y la enseñanza de habilidades parentales para promover vínculos positivos entre padres e hijos.

El informe concluye con una serie de recomendaciones, que incluyen la solicitud de una investigación multidisciplinaria adicional sobre la interrelación de barreras a la salud experimentadas por las personas desfavorecidas.

También recomienda mejorar los programas de capacitación en psicología para garantizar que los médicos sean capaces de debatir y abordar adecuadamente los efectos de la desigualdad en la salud individual.

Según el informe, es importante elevar la conciencia entre el público y los responsables de las políticas sobre las implicaciones de la exposición persistente a los sesgos implícitos y las microagresiones que inducen estrés.

“Las disparidades en el estrés y la salud pueden no ser visibles para aquellos que tienen más ventajas o que poseen un contacto directo relativamente limitado con los afectados -dice Brondolo-. Una comunidad bien informada es fundamental para mejorar la salud de las comunidades raciales o étnicas y pobres“.

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