Patiño, exatleta con mutación genética: "Algún control hay que poner para competir en igualdad"

EFE

Martínez Patiño

María José Martínez Patiño, la atleta española que, por su caso de mutación genética, contribuyó a cambiar las normas sobre feminidad en el deporte, considera que “algún control hay que poner para que todas las mujeres puedan competir en igualdad de condiciones”.

La exatleta gallega aprueba la nueva normativa anunciada el pasado jueves por la IAAF que exige a las atletas con una elevada producción endógena de testosterona reducir sus niveles por debajo de los 5 nanomoles por litro durante un periodo continuado de al menos seis meses para competir en carreras que van desde los 400 metros a la milla.

“Creo que debemos en pensar en todas las mujeres sin hiperandrogenismo que están entrenando muchísimo para mejorar una décima“, recuerda.

Le sorprende, sin embargo, “que la nueva normativa se aplique solamente a unas pruebas muy concretas (carreras de 400 metros hasta la milla) y da la impresión de que la norma está destinada a unas deportistas concretas”, comentó a EFE Martínez Patiño, asesora del COI y del TAS en esta materia.

“En mi opinión”, añadió, “y dado que la anterior normativa está suspendida de forma cautelar por el TAS por el caso de la india Dutee Chand, no se podía aplicar a los 100 y 200 metros. Pero, ¿acaso en estas pruebas no influyen los niveles de testosterona? Influyen, pero no se podría aplicar por razones jurídicas”.

Martínez Patiño prevé un largo recorrido jurídico. “Lo que puede ocurrir ahora es que alguna atleta afectada en estas pruebas acuda al TAS y el TAS suspenda la normativa pero en este caso seguro que la IAAF tiene evidencias científicas de que se obtiene ventaja deportiva con un rango de 5 nanomoles, que es el límite que se ha determinado”.

“De cualquier forma”, subrayó, “este límite que se ha determinado ahora como norma es superior al rango de una deportista que no tenga hiperandrogenismo, que está entre 0,12 y 1,79. Es decir, que aún aplicando la nueva norma esas mujeres tendrán ventaja deportiva con respecto a otras deportistas”.

“No hay que rasgarse las vestiduras. Parece que hay gente empeñada en crear polémica. Es muy complicado legislar y que todos estén satisfechos, pero algún tipo de control hay que establecer, aunque no de manera tan explícita. Habría que tener en cuenta cada caso particular”, comentó.

La exvallista española, investigadora en la Universidad de Vigo, lamenta que el tema dure ya tanto tiempo. “Parece mentira que después de 40 años siga la controversia, que no hayamos sido capaces de encontrar una solución definitiva, y eso está haciendo mucho daño. Lo que hacen la IAAF y el COI es prevenir males mayores, preservar el juego limpio en el deporte, pero hay demasiada gente interesada en crear polémica. La nueva normativa protege a todas las deportistas”.

El futuro pasa por realizar estos controles en el marco de la confidencialidad de un control como el antidopaje. Respetar la privacidad y no causar daños innecesarios a nadie. Con la nueva norma no se retira a nadie del deporte, como ocurría antes con los cromosomas (la propia Martínez Patiño fue inhabilitada). Ahora te dan la oportunidad de competir en igualdad de condiciones”, dijo.

La polémica “está servida”

Piensa que “la polémica está servida y seguro que hay muchas opiniones contrapuestas, pero lo que sí está claro es que el deporte debe estar protegido en todo momento de un posible fraude. La evolución del propio deporte debe estar al mismo nivel que la evolución científica y esto es algo que en el pasado no ocurría”.

Hasta ahora, el umbral de tolerancia estaba en los 10 nanomoles por litro, que ahora se reduce a la mitad porque, según estudios a los que alude la IAAF, una mayor proporción “aumenta un 4,4 % la masa muscular, entre un 12 y un 26 % la fuerza y un 7,8 % la hemoglobina”.

El caso más conocido de una atleta con niveles de testosterona similares a los de un hombre es el de la sudafricana Caster Semenya. Después de su asombrosa superioridad (1:55.45 en los 800 m. en los Mundiales de Berlín 2009), la IAAF le impidió competir si no reducía sus niveles por debajo de los 10 nanomoles.

Hace 33 años Martínez Patiño protagonizó un caso que al cabo de una larga batalla personal acabó cambiando las reglas sobre controles de sexo en el deporte.

En 1985, durante la Universiada de Kobe (Japón), un control de sexo le detectó una alteración cromosómica, una mutación genética en el receptor de los andrógenos.

De acuerdo con la normativa entonces vigente, estaba inhabilitada para competir. La Federación Española, entonces presidida por Juan Manuel de Hoz, le aconsejó una discreta retirada para evitar el escándalo, pero ella se negó, desafió las normas, fue descalificada el 28 de enero de 1986 y emprendió una larga batalla legal que acabó ganando.

Con la ayuda de José María Odriozola, catedrático de bioquímica y a la sazón vicepresidente de la Federación Española, Patiño demostró a la IAAF que su anormalidad genética no le otorgaba ninguna ventaja en competición. Si acaso, al contrario: “Aunque yo hubiera intentado doparme con testosterona no habría tenido efectos porque el receptor de los andrógenos no actúa. No hay respuesta del organismo”.

El 14 de octubre de 1988, después de tres años de inactividad, fue rehabilitada por la IAAF y el presidente de la Comisión Médica, el sueco Arne Lundqvist, se disculpó con ella. Su caso contribuyó en forma decisiva a que en el año 2000 se suprimieran los controles de sexo en el deporte.

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